Respecto a la forma en que se coloca la doble lengüeta en estos instrumentos existen dos versiones: una en que la lengüeta se amarra en una especie de tubo cónico – tudel – fijo a una parte que es desprendible del cuerpo, y otra en que las lengüetas forman con el cordón que las sujeta al tubo, una especie de tapón que se introduce y ajusta en el cuerpo del instrumento.
Los materiales empleados originalmente para la manufactura de lengüetas era de carrizo o palma, pero esta fue ampliada entre culturas indígenas con otros materiales como el cuero o el latón, y más recientemente el plástico; asimismo mientras en algunas culturas permaneció este tipo de instrumento con las configuraciones originales, en otras el cuerpo del instrumento tuvo algunos cambios.
Respecto de las dotaciones, las crónicas hablan de dos versiones: una en que se agrupaban varias chirimías de diferentes tamaños acompañadas por un redoblante, como fue asumido entre los purépechas, y otra en que dos de diferente tamaño, una soprano y otra tenor, se hacían acompañar por un redoblante, versión que se extendió al Occidente, al Sur entre los zapotecos y en la Huasteca; de esta última habría de surgir otra modalidad con la incorporación del membranófono de origen mesoamericano denominado en náhuatl “Huehuetl”, en el centro del país.
La chirimía, según se menciona en algunas crónicas europeas del Renacimiento participaba en eventos públicos y populares. Este instrumento fue introducido entre los indígenas por los militares y sus descendientes, pero su auge se suscitó con los misioneros.
La dulzaina parece que sólo influyó con algunas características que se amalgamaron a las de las chirimías. Según algunas descripciones contaban con seis agujeros en la parte superior y uno en la inferior; representaciones gráficas de ese entonces la muestran con “tudel”, es decir, con un tubillo pegado al cuerpo el que sujeta las lengüetas, de carrizo, de menores dimensiones que las de la chirimía. La única versión conocida de instrumento que, se asemeja a la antigua dulzaina, se desarrolló en la mixteca alta. Otra versión particularmente interesante, cuyo origen se remonta a la Colonia entre los nahuas y sus descendientes, en la región entre los estados de Colima y Jalisco; tiene los hoyos dispuestos como la dulzaina, con la peculiaridad de contar con cuatro lengüetas de palma en vez de dos, característico en antiguos instrumentos orientales; amarradas al tubillo formando una especie de tapón, son introducidas en el cuerpo, este instrumento debe corresponder a una de las versiones antiguas que después decayó incluso en Europa. Este tipo de aerófono en Europa recibió mayor atención en su elaboración como el agregarles llaves, aspecto que no se desarrolló en México, ni como dulzaina ni como chirimía.
Crónicas de la Conquista y primeras épocas de la Colonia mencionan el uso de aerófonos de boquilla que, al igual que en otros instrumentos, existieron en diferentes versiones y nombres.
Las modificaciones con la terminología llevan la intención de simplificar y evitar confusiones, como la generalización a partir de nombres propios y específicos de unos instrumentos no generalizados en México para tipificar otros; por ejemplo: En vez de llamar “ tipo oboe “ a una variedad de aerófonos, se hace referencia a sus cualidades morfológicas más características como el filo que se ataca con una columna de aire, la forma de su cámara, o se utilizan nombres generalizados dentro de una variedad, como las Chirimías, esto es, en vez de nombrar dulzainas y/o Chirimías simplemente diremos Chirimía y así abarcaremos todo este tipo de instrumentos.
Las Chirimías han variado mucho durante los últimos 400 años. También debe tenerse en cuenta que la construcción artesanal, sumada a la sencillez de su diseño y la variedad de países y lenguas donde se ha utilizado, han creado ciertas ambigüedades respecto al modelo concreto de instrumento nombrado de esta forma.
Los frailes enseñaron su construcción así como su ejecución en sus escuelas para los actos religiosos, popularizándose en las culturas indígenas de ese entonces como lo infiere el comentario de Torquemada en su Monarquía Indiana L.XVIII c.III “…una cosa puedo afirmar con verdad: que en todos los reinos de la cristiandad no hay tanta copia de flautas, Chirimías, sacabuches, orlos, trompetas y atabales como sólo este reino de la Nueva España…” El tambor es el compañero rítmico en el grupo de la Chirimía en los diferentes géneros musicales, es por eso que decimos que “…para que exista música de Chirimía tendrá que haber tambor y Chirimía…”.